

Milán es conocida en todo el mundo por la moda, el lujo y el arte, pero también tiene una cocina local y regional increíble.
Es cierto que los platos de la cocina lombarda no tienen el mismo reconocimiento internacional que otros platos italianos como la pizza napolitana, las frituras del sur o las pastas romanas, especialmente la carbonara.
Sin embargo, hay recetas icónicas que llevan el nombre de la capital lombarda, como la milanesa, conocida en todo el mundo.
Además, Lombardía es tierra de quesos y embutidos de altísima calidad, como:
Grana Padano
Gorgonzola
Bresaola
Si quieres una experiencia auténtica, aquí tienes tres platos emblemáticos que difícilmente encontrarás en otro lugar del mundo.
Uno de los platos de arroz más sencillos, pero más sofisticados y sabrosos.
Dato curioso:
Su vibrante color dorado y su sabor único provienen del azafrán.
Origen legendario:
En el siglo XVI, durante la construcción de la Catedral de Milán, un maestro vidriero flamenco llamado Valerio Diependale, o quizás su aprendiz, comenzó a añadir azafrán al arroz como lo hacía con los vitrales para teñirlos de amarillo.
Así nació una receta inmortal.
El plato más icónico de Milán.
Se trata de un filete de ternera empanado y frito en mantequilla clarificada, lo que le da una textura crujiente y un sabor inconfundible.
Tradicionalmente se sirve con hueso, aunque existen versiones modernas sin él.
Diferencia con el schnitzel austriaco:
Un clásico de la gastronomía de Milán.
Se prepara con jarrete de ternera cortado en rodajas gruesas, con el hueso en el centro que contiene suculento tuétano.
Se cocina lentamente en una mezcla de vino blanco, caldo y verduras (cebolla, zanahoria y apio).
Se sirve acompañado de risotto alla milanese, formando una combinación clásica de la cocina local.
Toque especial:
El plato se remata con gremolada, una mezcla de ajo, perejil y ralladura de limón, que le da un aroma fresco y vibrante.
Un plato típico de las montañas de Lombardía, especialmente en la Valtellina.
Se diferencia de la polenta tradicional porque se enriquece con abundante mantequilla y queso (Bitto o Casera).
Su textura es más cremosa y su sabor más intenso y reconfortante.
Se suele servir como acompañamiento de carnes estofadas, setas o salchichas, pero también puede ser un plato principal.
Un símbolo de la cocina alpina italiana, ideal para los días fríos.
Especialidad de la región de Valtellina.
Son un tipo de pasta corta y plana, elaborada con harina de trigo sarraceno, lo que les da su color grisáceo y sabor terroso.
Se cuecen con patatas y repollo (o acelgas) y luego se mezclan con mantequilla derretida, ajo dorado y queso Bitto o Valtellina Casera.
Un plato reconfortante, perfecto para el invierno.
Estos son los platos más emblemáticos de la ciudad, que no puedes dejar de probar en tu visita.
Si viajas en pareja o con amigos, pide varios platos para compartir y descubrir tus favoritos.
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¡Nos vemos pronto en la ciudad de la moda y el sabor!